Nadie en el parque nacional La Tigra esperaba que su director coleccionara serpientes y medusas. Menos que su primer animal doméstico fuera una boa. Jorge Luis Palma, conocido como Lucas, dirigía Amitigra desde hacía siete años, según confirmaron dos fuentes a este medio.
Una vida salvaje en La Tigra
Nacido en Comayagüela en 1983, dedicó dos décadas a la conservación. Llegó a la organización hace 15 años.
El parque que protege, clave para el agua de la capital, fue el primero del país. Amitigra lo administra desde 1980.
Palma se define como conservacionista por vocación. Se especializa en animales poco queridos: anfibios y reptiles.

Imagen: elheraldo.hn
Una historia de dos décadas
Conocido entre sus allegados como Lucas, Jorge Luis Palma acumula más de 20 años dedicados a la conservación de ecosistemas. Nacido en Comayagüela, Distrito Central, alrededor de 1983, encontró su vocación desde niño, especializándose en animales menos populares como anfibios y serpientes.
Su vida familiar refleja esa pasión. Según el relato que compartió, la primera mascota de sus cuatro hijos fue una boa. En otra ocasión, incluso tuvieron una araña viuda negra, algo de lo que ahora, como director de Amitigra, no se siente orgulloso, pues comprende que no es correcto y que se debe respetar a los seres vivos en su hábitat.
Cada año, Palma añade una nueva imagen a su piel: tatuajes de flora, fauna e ilustraciones de ‘El Principio’. Una práctica que marca el tiempo, igual que su trabajo al frente de la organización que protege el parque nacional La Tigra desde 1993.
Un director con historia y color
Jorge Luis Palma, conocido como Lucas, nació en Comayagüela, Distrito Central. Es director de Amitigra desde hace unos siete años, aunque lleva unos quince trabajando en la organización y veinte dedicado a la conservación.
Su vida personal refleja su profunda conexión con la naturaleza. Es padre de cuatro hijos y, según relató a El Heraldo, sus primeros animales domésticos fueron una boa y una viuda negra. Aunque ahora considera que tener esos animales no fue correcto, pues se debe respetar a los seres vivos en su hábitat.
Antes de decidir, se pueden comparar todas las condiciones en paniplayhn.com/sitio-oficial.
Su personalidad se expresa también a través de una colección de unos cuarenta pares de calcetines de colores vibrantes y múltiples tatuajes de flora, fauna e ilustraciones de ‘El Principito’.
Como conservacionista de vocación, Palma se especializa en animales menos carismáticos, como anfibios y serpientes. Su trabajo incluso lo llevó a descubrir una nueva especie de salamandra.
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Un cambio de perspectiva con los años
Con el tiempo, la visión de Palma sobre la relación con la naturaleza fue evolucionando. Un ejemplo claro es su reflexión sobre la educación de sus cuatro hijos.
Ahora reconoce que no era correcto permitir que su primera mascota familiar fuera una boa o que tuvieran una viuda negra, entendiendo que se debe respetar la vida silvestre en su hábitat.
Este cambio personal refleja una maduración profesional. Palma, quien nació alrededor de 1983, se define como un conservacionista por vocación, especializándose en animales menos populares como anfibios y serpientes.
La seriedad de su compromiso se ve en los riesgos que enfrenta. Su trabajo conlleva amenazas de muerte, un precio alto por proteger ecosistemas vitales como La Tigra, que abastece de agua a una parte significativa de Tegucigalpa.
| Equipo o jugador | Antes | Después |
|---|---|---|
| Jorge Luis Palma (mascotas familiares) | Boas, arañas en casa | Respeto por la vida silvestre en libertad |
| Jorge Luis Palma (compromiso profesional) | Vocación desde niño | 20 años de trabajo especializado |
| Jorge Luis Palma (seguridad) | Riesgo desconocido | Amenazas de muerte recurrentes |
| Parque Nacional La Tigra | Área por proteger | Primer parque nacional (1980) |
| Especies descubiertas | Biodiversidad documentada | Nuevas especies como Bolitoglossa cataguana |
| Abastecimiento de agua | Recurso natural | 29 millones de m³ anuales para 750,000 personas |
Este recorrido muestra una evolución profunda, donde la pasión inicial se transformó en una misión de vida marcada por la conciencia y los sacrificios.
Un legado de pasión y peligro
La trayectoria de Jorge Luis Palma al frente de Amitigra no ha estado exenta de riesgos. El mismo director ha reconocido que su trabajo de conservación conlleva amenazas de muerte, un recordatorio de los peligros que enfrentan los defensores del medio ambiente en Honduras.
Su dedicación, sin embargo, es inquebrantable. Se define a sí mismo como un conservacionista por vocación, una pasión que nació en su infancia en Comayagüela y que ya cumple más de 20 años de ejercicio profesional, especializándose en animales menos populares como serpientes y anfibios.
Este compromiso se extiende a la gestión del Parque Nacional La Tigra, un ecosistema vital que provee el 30% del agua para Tegucigalpa. Bajo su administración, este pulmón de 24 040 hectáreas se consolida como una alternativa clave para el descanso durante la Semana Morazánica.
El legado de Palma trasciende la gestión diaria. Su participación en el descubrimiento de una nueva especie de salamandra, Bolitoglossa cataguana, subraya la importancia científica de la reserva. Aunque el camino sea arduo, su vida entera, marcada en la piel con tatuajes de la naturaleza que protege, es testimonio de una entrega absoluta.
